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Reflexión

La Crítica

Una observación profunda sobre la crítica como enfermedad social, su relación con la acusación, el juicio y la condena, y la necesidad de detenerla a tiempo.

Sujñani Sokei 01 August 2012
La Crítica

A los inocentes testigos de la crítica malsana se les invita a cuidarse desde ahora. A los participantes involuntarios de la inconsciencia colectiva se les recuerda que pensar por sí mismos siempre será más digno que dejarse llevar por lo que otros dicen.

¿Qué es la crítica?

La crítica es una observación que, en teoría, podría señalar aciertos o errores. Sin embargo, en nuestra sociedad se ha convertido casi siempre en el hábito de señalar únicamente defectos, fallas y supuestos errores.

La crítica es una enfermedad social. Es uno de los primeros pasos hacia la discordia, el conflicto, la enemistad y la violencia. Ha separado familias, amistades, comunidades y proyectos enteros.

Quien critica por costumbre suele sentir un extraño placer nervioso. Cuando la enfermedad se hace crónica, la crítica da euforia, sensación de poder y la falsa idea de que se está dañando la imagen de otro.

La crítica es contagiosa. Va de boca en boca disfrazada de comentario, de advertencia amistosa o de aparente lucidez. Pero más tarde se convierte en vergüenza, en veneno para la mente y en daño para quienes escuchan y repiten.

Cuando la crítica empieza, ése es el mejor momento para detenerla.

¿Por qué ocurre?

Por inconsciencia, por costumbre y por repetir lo que otros hacen sin preguntarse si eso es lo mejor para la vida. La sociedad ha enseñado a mentir, a criticar y a dañar a quienes estorban.

¿Quién la fomenta?

Todos, cuando no evitamos criticar o cuando aceptamos escuchar la crítica contra otros. Cuando frente a niños y jóvenes sembramos juicios y mala voluntad, alimentamos una cadena que se vuelve normal.

¿Qué deja?

Deja conflicto tras conflicto: problemas familiares, laborales, pérdida de amistades, agresión verbal, violencia física y, en casos extremos, destrucción total de la dignidad y de la paz.

¿Cómo evitarla?

Tomando conciencia de que la crítica es una enfermedad que puede detenerse a tiempo. Dando ejemplo, hablando con honestidad, reflexionando sobre el daño que produce y eligiendo una palabra más limpia y más justa.

Acusación, juicio y condena

Acusar es sostener que hay maldad en el alma de otro. Juzgar es perder el tiempo en el pasado sin comprender realmente aquello que se juzga. Condenar es quizá lo más triste: congelar a una persona en un recuerdo y negarle toda posibilidad de expresión y renovación.